Aconsejada por una amiga que había sido voluntaria de
JUCONI por cinco meses, Georgina Clarke dejó el Reino Unido porque
necesitaba hacer una pausa en su vida profesional.
“Una de mis
actividades era pasar “ tiempo especial” con los niños. Uno de
ellos llamado Jonathan, de nueve años vive en la Isla Trinitaria,
el área más marginal de Guayaquil”.
Jonathan ha tenido una vida muy inestable, pasando un tiempo de estar con
su madre, luego con su padre y ser físicamente abusado por varios miembros
de su familia. Luego de escuchar de su pasado, yo esperaba encontrar a un
niño con la vida destrozada, pero Jonathan no estaba deprimido, es muy
juguetón y tan relajado como puede ser un niño de su edad. Recientemente ha
ido al colegio pero ha sido expulsado por tener comportamientos violentos.
Lo que se notó inmediatamente es que Jonathan no estaba acostumbrado a
tener una atención individualizada y preguntaba una y otra vez, “ ¿es
que tengo a la gringa sólo para mi? ” No era de sorprenderse el que
le fuera muy difícil confiar en las personas, tener acercamiento emocional
o demostrar cualquier tipo de cariño, especialmente con las mujeres
Verdaderamente pase
momentos difíciles con Jonathan, cuando el no quería colaborar, era
contradictorio o no mostraba ningún interés. Sin embargo, al mirarlo desde
una perspectiva más grande, el tiempo que pasamos juntos parece haber
tenido efectos muy positivos, lo que me hacen sentir que la experiencia
para él ha valido la pena. Lo más importante es que al final gané más
respeto por parte de él, algo que claramente se notaba no tenía al
comienzo! Por encima de todo, pienso que ha mejorado mucho su austoestima
al tener a alguien que le diera una atención personalizada dos veces a la
semana. “.